El Sorbe no nos sobra
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Rafael Esteban Santamaría, secretario de Organización de PSOE Guadalajara
Me hubiera gustado escribir esto de otra forma, porque no creo que debamos acostumbrarnos a hablar del agua únicamente cuando los embalses bajan o cuando aparece un problema. Pero la solicitud del Canal de Isabel II para obtener una concesión de aguas del río Sorbe, con una captación en la presa del Pozo de los Ramos que podría alcanzar los 8.000 litros por segundo y un máximo de 50 millones de metros cúbicos al año, merece que hablemos claro de lo que puede significar para el futuro de Guadalajara.
Tengo la extraña sensación personal de que cuando hablamos de estas cantidades terminamos perdiendo la perspectiva. Son 50 hectómetros cúbicos al año sobre el río que constituye la principal fuente de abastecimiento de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe, un sistema del que dependen, directamente o a través de otras mancomunidades, 44 municipios y más de 377.000 personas. Una población que, además, puede acercarse al medio millón de habitantes en los próximos quince o veinte años.
Y precisamente ahí está una de las principales razones de mi rechazo. La Campiña y el Corredor del Henares representan una parte fundamental de las posibilidades de futuro de Guadalajara, una provincia enorme que no anda precisamente sobrada de oportunidades para generar población, actividad económica y empleo. El crecimiento que se está produciendo en esta zona no beneficia solamente a los municipios donde se instalan las empresas o se construyen las viviendas, sino que constituye un activo estructural para toda la provincia, porque aquí se concentran buena parte de nuestra industria, nuestra logística, nuestra capacidad para atraer inversión y también una parte fundamental del empleo y la riqueza que Guadalajara puede generar durante las próximas décadas.
Para seguir haciendo todo eso necesitamos agua y, sinceramente, no se me ocurre nada parecido a aceptar con naturalidad que uno de los recursos que puede ayudarnos a crecer termine comprometido para favorecer todavía más el crecimiento de territorios que ya concentran mucha más población, riqueza e inversión. Guadalajara lleva décadas poniendo recursos estratégicos al servicio de todos; aquí producimos energía nuclear que sirve al conjunto del país y entendemos perfectamente que así sea, pero la solidaridad territorial debería funcionar en todas las direcciones y no puede significar que unos territorios aporten permanentemente los recursos mientras otros concentran las oportunidades.
No digo que el agua sea nuestra ni pretendo convertir esto en una pelea territorial. Digo algo bastante más sencillo: el agua también debe ser un elemento de equilibrio territorial. Si puede contribuir a generar industria, vivienda, empleo y riqueza, me pregunto por qué no puede ayudarnos primero a generarlos aquí. Si disponer de agua suficiente puede permitir que una empresa se instale mañana en Guadalajara, ampliar nuestros polígonos, desarrollar nuevas viviendas o hacer crecer nuestros municipios, tenemos todo el derecho a garantizar que ese recurso esté disponible para nuestro futuro antes de comprometerlo para favorecer el desarrollo de otros lugares.
Además, durante décadas hemos trabajado precisamente para conseguir mayor seguridad en nuestro abastecimiento. Sabemos que Beleña no supone una garantía infinita y por eso se hicieron obras de emergencia cuando fueron necesarias y se consiguió la interconexión de los sistemas del Sorbe y del Bornova a través de Beleña y Alcorlo. Esa infraestructura se hizo para disponer de una alternativa durante las sequías, los años malos o cuando las reservas fueran insuficientes, y me resultaría difícil aceptar que aquello que conseguimos para aumentar nuestra garantía termine sirviendo como argumento para considerar que ahora podemos comprometer más agua.
Tenemos que exigir que la interconexión Sorbe-Bornova mantenga la finalidad para la que fue concebida. Alcorlo debe ayudarnos cuando Beleña lo necesite y permitirnos mirar veinte o treinta años hacia delante sabiendo que el crecimiento de nuestra población y nuestra industria no estará limitado por haber comprometido antes un recurso que entonces necesitaremos. Si cada vez que conseguimos aumentar nuestra seguridad utilizamos ese nuevo margen para asumir nuevas demandas, habremos hecho un viaje bastante absurdo para terminar exactamente donde empezamos.
Puede que haya años en los que el Sorbe tenga agua suficiente y ojalá sean muchos, pero la garantía de un abastecimiento no puede medirse pensando únicamente en los años buenos, sino precisamente en los malos, en las sequías y en lo que necesitaremos dentro de veinte o treinta años. Una concesión de hasta 50 hectómetros cúbicos anuales no puede confundirse con aprovechar puntualmente un excedente cuando exista, porque estamos hablando de una decisión capaz de condicionar durante décadas nuestra capacidad para gestionar ese recurso.
Por eso creo que la Confederación Hidrográfica del Tajo debe denegar esta concesión y que Guadalajara tiene que defender una posición común y rotunda para conseguirlo. La Mancomunidad de Aguas del Sorbe debe estar al frente de esa defensa, como institución responsable de garantizar nuestro abastecimiento. Entre sus municipios se encuentra también Alcalá de Henares y actualmente su alcaldesa ostenta la Presidencia de la MAS, lo que demuestra además que esta reivindicación no puede plantearse como una confrontación entre Guadalajara y Madrid, sino como la defensa del sistema de abastecimiento existente frente a una nueva demanda de enorme magnitud.
Me gustaría ver en esa posición a los alcaldes y alcaldesas de los municipios afectados, a todos los partidos políticos sin importar quién gobierne en cada institución, a las organizaciones empresariales y sindicales y a la sociedad de Guadalajara en su conjunto. Tengo la sensación de que esta es una de esas ocasiones en las que deberíamos ser capaces de olvidarnos de cualquier diferencia y defender juntos algo tan elemental como nuestro abastecimiento y nuestras posibilidades de futuro, porque sería muy difícil explicar dentro de unos años que, teniendo delante una petición de esta magnitud, no fuimos capaces de ponernos de acuerdo para defender uno de los recursos más importantes que tenemos.
Me hubiera gustado no tener que escribir este artículo, pero me gustaría todavía menos que dentro de veinte o treinta años alguien tuviera que preguntarse por qué, cuando Guadalajara tenía un recurso capaz de ayudarnos a garantizar nuestro abastecimiento, crecer y generar riqueza, decidimos comprometerlo para que quienes ya tenían más oportunidades pudieran seguir creciendo.
El Sorbe no nos sobra. Lo necesitamos para beber hoy, pero también para que Guadalajara pueda crecer mañana, y creo que tenemos razones más que suficientes para defenderlo juntos y hacerlo con toda la firmeza necesaria.







